El concurso recupera una extensa tradición de diseño del espacio público porteño. Desde fines del siglo XIX, la expansión de parques, plazas, paseos y avenidas impulsó la incorporación sistemática de bancos, luminarias, fuentes y otros elementos destinados a mejorar las condiciones de uso y permanencia en la ciudad. Estos equipamientos no sólo respondían a necesidades funcionales, sino que también contribuían a consolidar una imagen urbana acorde con las aspiraciones de una capital en proceso de transformación.
Entre esos antecedentes se destacan las piezas producidas por la fundición francesa Val d’Osne, muchas de las cuales permanecen hoy como una parte invaluable del patrimonio de la Ciudad.
Junto a la importación de equipamientos, la Ciudad desarrolló tempranamente capacidades propias de diseño, fabricación y mantenimiento, a través de los talleres dependientes de la antigua Dirección de Parques y Paseos. Esta producción municipal permitió adaptar los diseños a las necesidades locales y consolidó una tradición de intervención pública sobre el paisaje urbano, en la que el mobiliario fue entendido como una herramienta para mejorar la calidad ambiental, fortalecer la identidad de los lugares y promover la apropiación ciudadana del espacio público.
En la década del ‘70, el Plan Visual de Buenos Aires propuso una mirada integral sobre la señalización, los nomencladores y la información urbana, concibiendo a la Ciudad como un sistema legible y coherente. A ese recorrido se sumó luego el Concurso Nacional de Mobiliario Urbano de 2004, que consolidó una visión sistémica del equipamiento público.
Identidad BA retoma estos antecedentes y propone interpretarlos desde el presente, para construir una identidad contemporánea que dialogue con las particularidades del Microcentro.
